Cada vez que enfrento a la
hoja en blanco, recuerdo a mi padre y su rebaño de ganado en la pampa y el
Volcán Osorno en el horizonte, como una postal, en el Finis Terrae, mas nunca
puedo escribir sobre eso, ni un mísero poema o verso, me parece muy nostálgico,
demasiado cursi, teniendo en cuenta toda la lucha de mi pueblo por más de
quinientos años. Cuando cumplí diez, la
Ñaña Nicolasa me heredó cincuenta hectáreas de tierra, pertenecientes a
nuestros ancestros desde el inicio de los tiempos, yo, solo quería cabalgar y doblar la cantidad de ganado para la
familia, luego en el colegio Huinca apareció un profesor Mapuche que había ido
a la universidad, de inmediato captó mi
facilidad para escribir y habló con mi padre dijo que debía estudiar irme a la
ciudad, que la causa indígena necesitaba hombres ilustrados y cultos. Así fue,
a los diecisiete entraba en la universidad con una beca para pueblos
originales, se abría un mundo nuevo, allí conocí a los artistas de la
época los cineastas eran muy graciosos y
reventados y los licenciados en Literatura eran peores, mas yo decidí estudiar
alemán no era una lengua tan desconocida en Puerto Varas estaba atestado de
rubicundos y gordinflones germanos yo los había visto muchas veces y oía ese idioma
tan o más gutural que el nuestro, además Goethe
era un autor que llamaba profundamente mi atención. Al terminar un día
muy ajetreado, fui a beber una cerveza al clásico bar de estudiantes, en un rincón encontré a Alex Cuzmar, él estudiaba dirección de cine y TV estaba en
los últimos años era un par de años mayor y vivía con una hermosa enfermera
rubia llamada M tenían una hija,
escribíamos en una revista marginal que editaba Jaques Bordeaux un drogo
estudiante de filosofía-- ¿Cómo andas Peñi—bien cansado dije sorbiendo mi
lata--
Esta atrapado se toma la
cabeza está atrapado, está cansado de imaginar otras vidas otra circunstancia, imaginar
sin embargo, está en una cárcel, mas el universo puede ser otra potestad
enturbiándolo todo, volvemos retornamos a nuestro reducto de humano en la otra
habitación alguien respira puedes sentir su cuerpo tibio una pareja, el
andrógino, él siempre quiso ser actor coreógrafo o algo como estrella de rock
en esas novelas españolas o norteamericanas de tipos haciendo autostop bebiendo
en Cafés Pombo y cosas como esas, estaba atrapado quería hacer cosas como esas,
la vida lo llevaba a otra parte, bicicletas que se quedaban girando luego de un
accidente… Sí aquello era un recuerdo de Cuzmar mientras atravesaba conduciendo
una llanura azul, algo fantástico como
esos atardeceres de playa bebiendo y
metiéndose en pastillas, que moral pueden tener estos personajes ¿Podemos hacer
que maten, mientan y roben pongan bombas o llamen a la policía a media noche
por que ladran mucho los perros siendo súper héroes o cuestionando las
invasiones de países dentro de otros países cargando el poder del estado y
llenándose los bolsillos todas las noches.
pensaba eso antes de dormir pero sus
intenciones de cambiar el mundo eran demasiado grandes poseía un problema y su
problema era cancelar, algo así como determinar cuando era el fin, lo finito
como decía aquel mafioso en esa película que ninguna de sus novias quería ver
con él, era una sucia cinta italiana del año 40 bueno sus obsesiones podían
durar horas además si empujaba el viaje con algo de ácido o mezcal, de
cualquier forma era un tipo de calaña inferior un camello un dealer el último eslabón de la comercialización como
decían los ratis de policía civil, pero tenia cojones, sin duda el personaje
era aceptable, con unas vueltas mas quedaría listo en este guión.—Perdón Emilio
no escuché lo que decías, la verdad es que Alex es dos cosas: un maldito idiota
o un maldito genio ---por eso las minas te abandonan huevón le dije riendo…

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